¿Quiénes son Rawayana? El grupo venezolano del momento

Una sala después de una fiesta. Vasos rojos tirados por todos lados, sillones revueltos, una luz tenue. Una sábana semi-transparente cubre la escena a manera de telón y después cae. Así arranca el show de Rawayana, la banda venezolana que en los últimos días se presentó en Mérida, Ciudad de México y Guadalajara, y que se ha convertido en uno de los proyectos latinoamericanos más comentados del año.

Seguramente has escuchado Inglés en Miami, su hit con el que alcanzaron el número uno en mayo de 2026 en las listas Latin Airplay y Latin Rhythm Airplay de Billboard y que pertenece a su sexto álbum de estudio ¿Dónde es el after?, estrenado el 1 de enero de este año. La popularidad reciente del grupo no es accidental: es el fruto de casi veinte años de trabajo. Formada en Caracas en 2007 e integrada por Alberto Montenegro, Alejandro Abiejón, Andrés Story y Antonio Casas, Rawayana ha llegado a este momento de proyección internacional construyendo, álbum a álbum, una identidad sonora difícil de encasillar.

Lo que debes saber sobre Rawayana

Su música no responde a un solo género ni a un solo tono. En Cuando los acéfalos predominan hablaron del surrealismo latinoamericano desde el descontento por la situación de su país, Venezuela. En el disco siguiente, ¿Quién trae las cornetas?, decidieron volver al objetivo que originó todo: pasarla bien. ¿Dónde es el after? sintetiza ambas polaridades en sus 23 canciones. En una industria que valora la producción en masa y la búsqueda de la receta para la viralidad, Rawayana decidió apostar por su identidad latina, y le funcionó.

Esta apuesta se nota en cada esquina del álbum. En la voz de la influencer Jessica Judith, quien grabó una frase para la canción A mimir. En las múltiples menciones a países latinoamericanos que aparecen en las letras. En las colaboraciones: Grupo Frontera y Carín León en De sol a sol, una canción sobre enamorarse de una mujer mexicana. Rawayana no se asoma a Latinoamérica desde afuera; están parados desde adentro.

Y eso mismo se vio en el concierto, que estuvo estructurado como una respuesta a la pregunta del título del álbum. La primera parte nos presentó a un Beto Montenegro informal, en sudadera y pants, como si recién se hubiera levantado al día siguiente de la fiesta. Pura cercanía, puro after. Posterior, una serenata con Tonada por ella para Venezuela desde un balcón del Auditorio Telmex. Caloncho apareció como invitado para cantar Palmar. Después, la banda se movió al centro del público para un DJ set: música más electrónica, ambiente de fiesta, Beto bailando y cotorreando con la gente. Hubo un karaoke improvisado de Azul de Cristian Castro en el que nadie de la banda se sabía bien la letra ­(ni pretendían saberla bien). Para el cierre, Beto volvió al escenario principal ya peinado, con camisa y pantalón de vestir.

Las tres versiones de Beto sobre el escenario son las tres caras de la banda: el amigo en sudadera, el DJ que mueve el cuerpo, el músico de carrera. Rawayana es las tres cosas a la vez, y no necesita elegir. 

Después del concierto, terminé entendiendo que el after del título es figurativo. Es ese lugar al que esperas ir cuando la fiesta se acaba, pero también la ansiedad por que la fiesta no se acabe. Cuando llevas tantos años de trayectoria musical y estás alcanzando niveles de fama que no habías tenido antes, lo que sigue es preguntarse: ¿y ahora qué? El futuro es incierto, lo mismo para una banda con proyección mundial que para cualquiera. Ya lo dijo el propio Beto al cerrar su concierto en Guadalajara: es normal tener miedo, no sabemos qué va a pasar en el futuro y eso está bien”. Rawayana seguirá haciendo lo que sabe hacer mejor, y nosotras seguiremos disfrutando de su música mientras esperamos lo que venga después.