El Concierto para Piano y Orquesta 2 en Si Bemol de Brahms
Esta obra es concebida con distinción, donde el pensamiento y el sentimiento se mueven en una noble armonía.
Por Victor Barrera
Johannes Brahms comenzó a desarrollar las primeras ideas de su segundo concierto para piano y orquesta un poco antes de cumplir 45 años, la obra pasó por un largo periodo de reflexión, quizá el haber compuesto el primer concierto para piano 20 años atrás, dedicado a su amigo Robert Schumann, y la búsqueda de consolidarse como un compositor importante le detenían para terminar la obra.
En 1878, siendo ya un aclamado y reconocido músico, terminó la obra, escribiéndole a su amiga Elisabeth von Herzogenberg que “había terminado un pequeño concierto para piano y orquesta” en clara broma ante la dimensión del concierto en el que rompe el esquema de tres movimientos para incluir un Scherzo que se piensa en principio pudo haber sido escrito como el tercer movimiento de su célebre concierto para violín y orquesta. La obra fue recibida con gran éxito e incluso el gran pianista y compositor Franz Liszt, con quien había tenido problemas, comentó: “El concierto para piano de Brahms es una obra de arte concebida con distinción, donde el pensamiento y el sentimiento se mueven en una noble armonía”.
La orquesta y el solista se entrelazan con grandes y sólidos pasajes que revelan una concepción basta y expansiva. El Concierto para piano y orquesta 2 en Si bemol consta de cuatro movimientos:
Allegro non troppo
Allegro appassionato
Andante
Allegretto grazioso
El Andante goza de una belleza singular en un diálogo apasionado entre el violoncello y el piano, que sugieren un encuentro entre dos amantes que transitan por las más diversas pasiones. Este movimiento se piensa que Brahms lo concibió pensando en su amor imposible; la gran pianista y compositora Clara Schumann a quien tanto admiraba.
Pese a esa imagen seria y dura, Brahms fue un hombre tierno, tímido y que gustaba de disfrutar de las cosas simples de la vida.
Finalmente, el Concierto para piano lo dedicó a su profesor de música de la infancia, Eduard Marxsen (1806-1887), a quien siempre recordaría con gran cariño y afecto, escribiendo en la partitura: “A mi querido amigo y maestro, Eduard Marxsen ", así uno de los grandes compositores del siglo XIX rendía tributo al hombre que por primera vez lo inspiró para convertirse en un músico. ¿Qué mayor demostración de lo bien que había aprendido sus lecciones de música?
Esta obra será interpretada por la Orquesta Sinfónica Nacional hoy a las 8 pm y el domingo a las 12:15 en el Placio de Bellas Artes.
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