El Réquiem de Gabriel Fauré: una obra serena y dulce
Fauré constantemente buscaba crear un nuevo tipo de música religiosa que naciera del amor, el gozo y la devoción.
Por Victor Barrera
Probablemente la obra más conocida del compositor francés Gabriel Fauré es el Réquiem (Misa de difuntos), escrito en París en el año de 1887, “por el placer de hacerlo”, como el mestro afirmaba. El estreno del Réquiem en su primera versión tuvo lugar en una importante iglesia de La Madeleine en París, en donde Fauré ocupaba la posición de maestro de capilla, el 16 de enero de 1888. La obra en esa primera versión consistía en cinco movimientos: el Introito y Kyrie, Sanctus, Pie Jesu, Agnus Dei e In Paradisum, concebida para coro de cámara y una orquesta de cuerdas con arpa, timbales y órgano.
Una segunda versión incluyó el Ofertorio, escrito en 1889 y el Libera Me, compuesta originalmente como una obra independiente en 1877. Además de agregar fagotes, cornos y trompetas, la nueva versión se estrenó en enero de 1893, sin embargo, la tercera y última versión del Réquiem fue estrenada en julio 1900 para la exposición mundial, la cual requiere de un gran coro y orquesta sinfónica.
El Requiem consta de los siguientes movimientos:
I. Introït et Kyrie
II. Offertoire
III. Sanctus
IV. Pie Jesu
V. Agnus Dei et Lux Aeterna
VI. Libera me
VII. In Paradisum
De todas las misas de difuntos, desde Biber o Mozart y hasta Britten, el Réquiem de Fauré se destaca por su serenidad y dulzura. Como director de coro y organista, el maestro Fauré constantemente buscaba crear un nuevo tipo de música religiosa que naciera del amor, el gozo y la devoción más que de la culpa y el dolor, además quería algo más que la ópera del bel canto, estilo muy popular en el París en aquel momento.
En una entrevista en 1902, el maestro Fauré comentó: "Se ha dicho que mi Réquiem no expresa el miedo a la muerte y lo han llamado una canción de cuna de la muerte, pero así es como yo veo la muerte: una feliz liberación, una aspiración a la felicidad, más que como una experiencia dolorosa, ¿No es necesario aceptar la naturaleza del artista? En cuanto a mi Réquiem, quizás también por instinto trató de escapar de lo que se considera correcto y apropiado, después de tantos años de acompañar a los servicios funerarios en el órgano, lo sé todo de memoria, yo quería escribir algo diferente".
Con la inspiración de las bellas melodías y los ritmos de canto gregoriano que utiliza sutilmente, además de las exquisitas graduaciones sonoras y la delicada armonía desarrollada a lo largo de la obra, el maestro logra tales efectos que hacen del Requiem una ventana por la que podemos apreciar el paraíso.
Esta obra será interpretada por la Orquesta de Minería en la Sala Nezahualcóyotl este sábado a las 20:00 horas y el domingo a las 12:00 horas como parte de su temporada, la cual se lleva a cabo del 7 de julio al 2 de septiembre.
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