06 Jul 2012

Castrati: Los semidioses del canto, Segunda Parte

El mundo de los castrati marcó el periodo barroco como uno de los más contradictorios en la historia de la música.

El aclamado Farinelli.
El aclamado Farinelli.

Por Victor Barrera

Sofisticado y misterioso, el mundo de los castrati marcó el periodo barroco como uno de los más contradictorios en la historia de la música. Como mencionaba antes, cuando un niño soprano mostraba habilidades para el canto era seguro que sería víctima de la castración para conservar las cualidades de la voz, a la que irónicamente se le denominaba “Soprano naturale”, cuando a la voz de un tenor (un hombre que canta en el registro agudo de la tesitura masculina) que naturalmente puede producir notas agudas relajando las cuerdas vocales se le conoce como “falsete”.

En el mundo actual, puede sonar extravagante escuchar que los papeles principales en la ópera barroca, mejor conocida como Opera Seria, los argumentos y las historias se desarrollaban principalmente en torno a personajes de la mitología greco-latina, además de historias biblicas, ¿puedes imaginar a Zeus, Hércules, Afrodita o Moisés interpretados por un cantante de gran estatura por las extremidades desproporcionadamente grandes y con el rostro y la voz fina de un niño pero con la fuerza de hombre?

Por su privilegiada posición de súper estrellas, algunos no sólo se volvieron extremadamente ricos, sino que además llegaron a ocupar posiciones de gran influencia y poder en el mundo de la política que ni los más cercanos consejeros de un rey llegaban a tener, como el caso de Farinelli, quien se convertiría en el confidente de Felipe V rey de España, que hasta en una ocasión le ofreció el virreinato de Perú.

Los castrati, como amos de la ópera, contaban con sus propios compositores que modificaban a su entero gusto y satisfacción desde un aria hasta una ópera completa o el argumento de la misma cuando no les parecía, eran caprichosos, volatiles y sus vidas eran tan fantasiosas como las óperas que representaban. Una de las más espectaculares anécdotas acerca de estos grandes virtuosos del canto es sobre Farinelli, quien en una ocasion solicitó que consiguieran al mejor trompetista en Europa para que interpretara los pasajes que a dueto se encontraban en un aria compuesta especialmente para él; llegado el día de la presentación, Farinelli comenzó a improvisar sus pasajes convirtiendo el aria en un duelo musical entre la voz y la trompeta; los pasajes con notas a gran velocidad se convirtieron en un diálogo en el castrati y el trompetista, el público y la orquesta simplemente se convirtieron en espectadores, notas muy cortas, staccatos, cambios de tono o hasta de idea musical utilizando largas frases eran parte de aquella memorable batalla musical. Finalmente, el trompetista falló ligeramente una nota muy aguda, con lo que el público se puso de pie y delirante aplaudía a Farinelli impidiendo que la ópera continuara por largos minutos.

Así eran los Castrati, ni hombres ni mujeres, simplemente víctimas de su circunstancia, idolatrados y odiados en extremo, fueron los venerados semidioses del arte musical barroco.

 


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