03 Feb 2012

El violinista del diablo II Parte

La astucia escénicas de Nicolò Paganini le ganaron fama de que tenía un pacto con el demonio.

  • La astucia escénicas de Nicolò Paganini le ganaron fama de que tenía un pacto con el demonio. Twitter Facebook E-Mail ->

La astucia escénicas de Nicolò Paganini le ganaron fama de que tenía un pacto con el demonio.
Nicolò Paganini, el virtuoso.
  • La astucia escénicas de Nicolò Paganini le ganaron fama de que tenía un pacto con el demonio. Twitter Facebook E-Mail ->

La astucia escénicas de Nicolò Paganini le ganaron fama de que tenía un pacto con el demonio.
Nicolò Paganini, el virtuoso.

Por Victo Flores

En 1816 tuvo lugar el gran duelo musical entre Nicolò Paganini y Lafont un de los más importantes virtuosos del violín en Francia, el memorable evento se llevó a cabo en el célebre teatro “La Scala de Milán”. Finalmente llegó el día del duelo, la ciudad de Milán se encontraba en una calma extraña e inquietante, la noche donde se escucharía el arte del violín en su máxima expresión estaba próxima; Paganini, quien ya había tenido antecedentes de las intenciones de Lafont había dado la libertad al virtuoso francés de elegir el programa, recordaba como tiempo atrás su amigo el compositor G. Rossini le había comentado que Lafont le invitaba a tocar juntos en un concierto, que evidentemente significaba un duelo entre dos grandes, lo que Paganini había rechazado, pero ante la audacia de Lafont de presentarse en Milán y recibir la invitación personal a dicho duelo no dejó a Paganini con más opción que aceptar el reto.

Lafont había llegado a Milán con la intención de demostrar que Paganini era un charlatán y estaba seguro de que un duelo podría darle la razón. El violinista francés llevaba material musicales con él, entre ellos una relativamente nueva Sinfonía Concertante de su antiguo maestro, Rodolphe Kreutzer, la cual sería la obra en la que compartirían los solos en la primera parte del programa para finalizar con obras compuestas por ambos solistas.

Así, la noche del gran concierto comenzó con la Concertante de Kreutzer y en los solos de la misma, aunque Paganini había ensayado con la orquesta lo que estaba escrito en la partitura durante el concierto, el violinista italiano hizo en sus solos improvisaciones con los temas de la obra, llenos de efectos técnicos: escalas, armónicos y cuerdas dobles que como el mismo Rossini comentó después, “Paganini salía muchas veces de la armonía de la obra, aunque de forma maravillosa en invención y fantasía”, Lafont quedó sorprendido de cómo Paganini no se sujetaba a lo estrictamente escrito en la partitura, sin embargo, continuó interpretando la parte que le correspondía, la estrategia de Paganini funcionó, ya que los milaneses aclamaban a su campeón al terminar la concertante de Kreutzer.

En la segunda parte del duelo, Lafont interpretó Las variaciones sobre un Aire Ruso, que mostraban los mas grandes colores y efectos técnicos posibles, su música impresionaba a propios y extraños, ya que la maestría con que Lafont tocaba el violín no podía dejar indiferente a nadie, pero Paganini astutamente cerró el concierto con sus “Variaciones Le Streghe” (Las brujas), que lo habían llevado a la fama en La Scala y eran muy populares en Milán, en lo técnico ambos solistas eran maravillosos, por lo que no había diferencias sustanciales que hicieran ver a uno superior del otro y en la interpretación y musicalidad ambos gozaban de gran personalidad, por lo que en realidad nadie ganó el duelo, sin embargo, el publico apoyó a Paganini de forma generosa, lo cual debemos entender por ser considerado el mejor violinista en Italia y tocar en Milán, a lo que Lafont comentaría años después “Si la presentación del duelo hubiera sido en Paris, la gente me habría apoyado como lo hicieron con Paganini en su país”

Paganini continuó con sus triunfos por Europa en los siguiente años, su obra inspiró a otros compositores como Schumann, Liszt y Brahms, la astucias escénicas con que se presentaba en las salas de concierto le ganaron fama de que tenía “pacto con el diablo” para lograr semejantes hazañas con el violín, lo cual le costó que a su muerte, en Niza, en 1840, pasaran cinco años para que las autoridades eclesiásticas dieran los permisos para sepultarlo en un lugar sagrado.


Suscribete a nuestro Newsletter
X
*Nombre:

*Correo:

*Fecha de Nacimiento:

*Sexo:
Email marketing por Inventive360.