El violinista del diablo
Nicolò Paganini generó pasiones encontradas que lo relacionaron con experiencias místicas.
Por Victor Barrera
Nunca en la historia de la música un artista había generado pasiones tan encontradas que lo relacionaran con las experiencias más místicas o demoniacas a la vez, salas de concierto abarrotadas, donde una atmósfera electrizante hechizara a la audiencia, logrando estados de histeria colectiva y llevando al violín a limites técnicos y sonoros inimaginables. Hazaña lograda por Nicolò Paganini “el virtuoso que tenía pacto con el diablo” como decían sus detractores al no entender la naturaleza de su arte.
En el siglo XIX, durante el periodo denominado “romanticismo” se dan una serie de factores nunca antes vistos en el arte, ya que después de la caída de Napoleón, las monarquías han perdido su influencia y la industria todavía no consegía consolidarse con un poder significativo en la sociedad y sobre todo en las artes, por lo que los artistas en este periodo gozan de gran libertad, dando rienda suelta a sus propias ideas y conceptos, el individualismo romántico nace entonces de la libertad artística a la que son expuestos los pintores, músicos y escritores. Las obras de arte son ahora dirigidas al gran público y la música adquiere una función cultural y no social, ya que al no saber para quien componen o interpretan su música, surgen artistas que encuentran la fuente de inspiración en sí mismos, muchas veces en forma narcisista, con un público que los adora y les sigue incondicionalmente, tolerando y admirando sus excesos y excentricidades, tal es el caso de Nicoló Paganini en el violín y Franz Liszt en el piano.
Paganini nació en Génova, Italia, el 27 de octubre de 1782, sus primeros maestros fueron unos modestos músicos llamados Giovanni Servetto, Giacomo Costa y Franco Gnecco. A la edad de ocho años, Nicolò hizo su debút en público, tocando en una iglesia, posiblemente la de San Ambrosio, después de algunos años en los que el niño mostraba una gran facilidad para tocar el violín, su padre decidió enviarlo con un maestro de reconocido prestigio, Alessandro Rolla, que entonces residía en Parma. Cuenta el propio Paganini en sus memorias que Rolla, al escucharlo, declinó la invitación para ser su maestro, puesto que ya nada podía enseñarle, sin embargo, el joven Nicolò permaneció unos años en Parma estudiando con Rolla el violín y con Ghiretti la composición. De esta periodo surge la que seguramente fue su primera obra, “Las 24 fugas” que desgraciadamente se han perdido. Paganini regresa a Génova y comienza un periodo de intenso estudio del violín basado en criterios muy personales, en lo que fue un empeño consciente por aislarse de las tradiciones y del entorno musical, abordando la tarea de solucionar todos y cada uno de los problemas técnicos que acuden a su imaginación.
Su carrera como concertista comienza en 1801 y en este periodo realiza sus primeras giras de conciertos por el norte de Italia, entregándose a una vida agitada y excéntrica donde el juego y los amores tienen un papel paralelo a sus conciertos y presentaciones. Visitando frecuentemente la cárcel debido a escándalos amorosos y disputas derivadas de las apuestas y el alcohol. Un admirador le regala en Liorna un espléndido violín Guarnerius, que será el instrumento que le acompañará durante toda su vida, conocido en la actualidad como “El cañón” dada la naturaleza potente y brillante de su sonoridad, actualmente “El cañón” se encuentra depositado en la Sala Rossa del Palacio Municipal de Génova y le permiten utilizarlo al violinista ganador del concurso internacional Paganini, custodiado eso si, permanentemente por dos carabinieri (policías italianos) que velan por la integridad del violín las 24 horas. Nicolò Paganini estudió también guitarra, por lo que escribe la famosa serie de sonatas para violín y guitarra y curiosamente durante un breve tiempo se aloja en una casa de campo de la Toscana, donde abandona temporalmente la música para dedicarse a estudios agronómicos.
En 1805, Elisa Baciocchi, princesa de Lucca y hermana de Napoleón, lo nombra director de la Orquesta de la Corte y del Teatro de la Ópera, donde permanece tres años en la tranquila ciudad y en 1812 a la edad de 30 años, Paganini se lanza nuevamente a su agitada vida de concertista, continuando su ascenso de éxitos por Italia. En 1816 tiene lugar el gran duelo musical entre Paganini y Lafont un de los más importantes virtuosos del violín en Francia, el memorable evento se llevó a cabo en el célebre teatro “La Scala de Milán”, todo comenzó cuando Paganini se encontraba en Génova y escuchó que Lafont ofrecía un concierto en “La Scala” (lugar considerado por Paganini como “su” sala de conciertos) donde la gente aclamó a Lafont por su maravillosa interpretación musical, por lo que Paganini viajó hasta Milán para ofrecer también él mismo un concierto una semana después de la presentación de Lafont, evento al que asistió el virtuoso francés para escuchar y conocer a Paganini, al encontrarse ambos violinistas y después de un tenso diálogo deciden enfrentarse en un duelo musical que mantuvo en suspenso a la ciudad italiana en los días previos al duelo…..
Continuará...
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